Abre las puertas de la memoria

PARA MULTIPLICAR
SEMBRADORES DE IDEAS

* CAPÍTULO SECTOR SINDICAL *


En Colombia exigir que se respeten los derechos de la clase trabajadora no es un asunto bien visto, en particular si esos derechos son el de asociación o el de contratación, el derecho a la huelga o a la movilización, pues todos ellos hacen parte de un conjunto de conquistas que han sido estigmatizadas y que incluso buena parte de la sociedad parece sentir lejanas.

En lugar de derechos, muchas veces estas reclamaciones son tratadas por el Estado como acciones ilegales, a través de la estigmatización y la persecución política, el movimiento sindical en Colombia ha tenido que enfrentarse a una política sistemática y generalizada de represión, desprestigio y hostigamiento a través de diferentes modalidades de violencia sociopolítica que se expresa en asesinatos selectivos, amenazas, desapariciones forzadas, torturas, detenciones arbitrarias y judicializaciones contra activistas y directivos.

Esto quiere decir que no solo se han usado medios legales para desestimular la asociación de los trabajadores que quieren proteger sus intereses gremiales. La persecución de sembradores de ideas en el departamento de Caldas no es un hecho aislado sino una práctica sistemática: los docentes que cultivaron un pensamiento crítico en las aulas y en las calles junto a estudiantes, campesinos y mineros fueron exterminados; la criminalización de la lucha sindical y popular ha sido permanente y se ha comprobado que estas graves modalidades de violación de Derechos Humanos en casi la totalidad de los casos ha implicado participación directa o indirecta de agentes del Estado que actuaron para silenciar por la fuerza la voz de quienes reclamaron justicia social y dignidad.

Sin embargo, no calcularon que con matar al hombre no podrían exterminar la idea, que con callar el grito multiplicarían nuevas memorias de hombres y mujeres que continúan sembrando ideas que germinan en luchas. Este trabajo es un homenaje a sus eternas presencias proyectadas en nuestra memoria: Hernán de Jesús Ortiz Parra, Rey María Salazar Tapasco y Héctor Julio Ortiz Valencia, cuyos nombres quedaron grabados en nuestra historia, su mirada fija hacia un pensamiento enraizado contra la desigualdad, la exclusión social, en pro de la nivelación salarial, la educación pública, las pedagogías del entendimiento y la solidaridad.

Abrimos las puertas de la memoria para humanizar sus historias de lucha, dignificar sus memorias y visibilizar la verdad de los injustificables crímenes contra estos pensadores, sembradores de ideas que perviven eternamente presentes es nuestra justa causa ¿Hasta cuándo? ¡Hasta siempre!

EL NEGRO ORTIZ ¡NUESTRO HERNÁN DEL ALMA!

Hernán de Jesús Ortiz Parra
Hernán vino desde abajo y anduvo entre obreros con hambre y manos sucias; enseñar verdades como estas y también los futuros posibles, fueron los primeros pasos de aquel defensor incansable de la clase trabajadora del departamento.

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Hernán de Jesús Ortiz Parra

Entre la tiza y la tierra


Rey María Salazar Tapasco

Rey María Salazar Tapasco le enseñó en los primeros años de vida a sus hijos a aferrarse a las chambranas de macana que delimitaban el mundo interno de la gran casona colonial que hoy tiene más de 100 años y es importante vestigio de un apellido y una familia destacada en la región.

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Rey María Salazar

“Presente en las barricadas de tiza
de los educadores”


Héctor Julio Ortiz
Este joven luchador sindical egresó de la Normal Nacional de Varones de Manizales en 1974, año a partir del cual se vinculó al Magisterio. Fue profesor de la Escuela urbana Bernardo Mejía Rivera, del corregimiento de Arauca. Posteriormente ingreso como educador del Instituto Mixto “Alfonso de los Ríos”.

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Héctor Julio Ortiz
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