Abre las puertas de la memoria

Y ROMPAMOS EL CERCO DEL SILENCIO

* CAPÍTULO EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES *

“Al matar a un semejante, no se mata a un animal de la especie homo sapiens, sino a la comunidad humana presente en él como capacidad y promesa que, en el hombre, se expresan, en lo fundamental, a través del lenguaje, que se enriquece en la diversidad y en la diferencia al margen y en contra de los condicionamientos del poder”
Jean- François Lyotard


Son estas las memorias de algunas de los cientos de personas que han muerto por balas de fusiles disparados por agentes del Ejército Nacional o grupos paramilitares que, desde la fuerza que las armas les entregan, decidieron poner fin a la existencia de jóvenes civiles no involucrados en el conflicto armado. Para ello crearon justificaciones para convertir a cualquiera en un indicador de éxito en la guerra: con solo afirmar que ese otro era un guerrillero, su asesinato permitía aumentar los resultados operacionales y, con ello, conseguir permisos o descansos, prebendas y ascensos; en otros casos, las ejecuciones extrajudiciales (mal llamados “falsos positivos”), solo buscaban arrebatar la vida para sembrar el terror en los territorios.

Con hechos tan absurdos, las cifras no logran narrar las dimensiones del asesinato sistemático de civiles en Colombia, porque las cifras, a diferencia de estas memorias, no presentan a la sociedad el daño humano de la muerte, porque al aniquilar las existencias de estas personas, se esfumaron sus sueños, sus sonrisas, sus triunfos y el destino de sus familias. Estas son las historias de Fausto Andrés Romero, Luis Eduardo Osorio y William López, su evocación tiene como objetivo retornarle a la vida su valor único.

Han sido construidas en el departamento de Caldas, desde los municipios de Salamina, Anserma y Manizales, donde sus familias han decidido iniciar este proceso de reconstrucción de sus memorias en esta galería, como un acto político de enunciar y visibilizar los momentos más preciados que se tejieron con sus hijos, padres y hermanos. A través de la conversación, en medio de las entrevistas, se fueron haciendo vivas sus presencias, desde el reconocimiento de su integridad como seres humanos que daban pasos en el mundo dejando huellas en las personas y sus comunidades.

Quimeras del corazón

William López Martínez
Nació el 1 abril de 1962 en Salamina, Caldas. Su infancia transcurrió en una casona de la vereda La Quiebra en compañía de sus padres y hermanos, en medio de los colores de las flores del campo, las manchas del pelaje de los animales, los verdes de las mangas, la ramada y la alegría de los diciembres con el estruendo de la pólvora, el olor a tamales y las novenas.

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William López

El sabio y la tierra de colores


Luis Eduardo Osorio

Esta es la historia de Luis Eduardo Osorio, que nació aquel 14 de febrero de 1942, en el municipio de Dabeiba, Antioquia. Desde pequeño vivió con su abuela en una gran finca, donde reconocer la hermosura de la naturaleza y todo lo que en ella se germina lo alejó de la escuela.

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Luis Eduardo Osorio

Una historia que brota del
campo en raíces de amor y dolor


Fausto Andrés Romero Becerra
Era un chiquillo gordito y bastante alentado, el único varón de su familia y el menor de sus hermanos. Esa finca, “La linda y el piano”, fue testigo de sus juegos con la pelota, su uniforme rojo y su curiosa cabellera rizada y rubia, que debía ser peinada con cuidado por su madre.

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Fausto Romero