Bernardo Jaramillo Ossa

Bernardo Jaramillo Ossa

POR: Mery Martínez


Bernardo, el hijo de doña Nydia Ossa Escobar y don Bernardo Jaramillo Ríos, nació en la montañosa Manizales el 2 de septiembre de 1955, en el seno de una familia trabajadora. Estudió en el Instituto Manizales donde desde muy pequeño abanderó las causas del movimiento secundarista y de la Juventud Comunista Colombiana, JUCO, organización política de cuyo Comité Central hizo parte con tan solo 23 años.

Hay gente que nace pa’ semilla, y de esos era Bernardo. Sus padres recuerdan su incansable lucha por defender los derechos de la gente y por entender los problemas económicos y políticos del país, algo que heredó de su abuelo Gustavo quien fue sindicalista del sector ferroviario. En su paso por el movimiento secundarista se convirtió en dirigente estudiantil, fundó un restaurante comunitario y trabajó duro por la defensa de la educación. En ese contexto conoció a su mentor, el líder sindical Rubén Castaño Zapata, que reforzó en él los principios de la lucha sindical y socialista.

En las aulas de la Universidad de Caldas, donde se formó como abogado, conoció en medio de las tareas de la militancia política, como el cineclub “José Martí”, a su esposa Ana Lucía Zapata, con quien compartió años de amistad y compañerismo. Para sorpresa de sus amigos, decidieron casarse por la iglesia. Tuvieron dos hijos, Paula Tatiana y Bernardo: la vida familiar siempre giró en torno a la poesía, la lectura revolucionaria, las noches de tertulia al son de vino y formación política. Recuerda Ana Lucía que tenía una colección de gatos Garfield que ella y su hija le regalaban porque decía que se parecían a él por su enorme bigote. Es que le encantaban los gatos.

Parte de la colección de “Garfield” de Bernardo, a quien como Ana Lucía recuerda, le encantaban los gatos.

Bernardo Jaramillo - Vida Personal
Caricaturas hechas por Ari.

Su labor política lo apartó de su esposa Ana, llevándolo a trabajar en el Urabá antioqueño, donde llegó a ser un reconocido líder agrario y un incansable luchador por la paz. El reconocimiento que alcanzó lo impulsó para llegar a la Cámara de Representantes por el departamento de Antioquia en 1986, como parte de la Unión Patriótica, UP. Luego de la muerte del reconocido dirigente Jaime Pardo Leal en 1987, Bernardo tomó el liderazgo de la UP. Su carisma, claridad y la fuerza que imponía en sus discursos, lo llevaron a ser elegido senador y a asumir la candidatura a la Presidencia por este movimiento en 1990, época en la cual muchos de sus militantes ya habían sido asesinados por fuerzas paramilitares en complicidad con agentes del Estado. Denunció a lo largo y ancho del país la falta de garantías para la oposición y la necesidad de “castigar ejemplarmente a los miembros del Estado comprometidos en la violencia contra la población civil”, palabras pronunciadas en 1989.

El reto, entonces, no era solo defender las propuestas de cambio y de paz en la Presidencia de la República, sino denunciar lo que hoy conoceríamos como el más grande genocidio contra un partido de izquierda en Colombia; con su consigna “Venga esa mano, país”, se vislumbraba para muchos seguidores la solución a la violencia política, pero también una esperanza de cambio para beneficio de los más pobres.

Bernardo recorrió pueblos, veredas y grandes ciudades, fiel a sus convicciones, siempre del lado de quienes sufrían explotación y luchaban por una vida digna; apoyó las huelgas de los trabajadores, las reivindicaciones del movimiento estudiantil, pues creyó siempre en la consigna de una educación pública y gratuita. Estaba convencido de que la transformación social pasaba por la generación de condiciones que favorecen a los más desposeídos.

Sin embargo, la mano oscura de la violencia estatal no estaba lejos de cegar la vida y la voz del hijo ilustre del eje cafetero. Era el jueves 22 de marzo de 1990 cuando Bernardo, estando con su compañera Mariela Barragán, fue asesinado a tiros en el Puente Aéreo de Bogotá, cuando se dirigía a Santa Marta. Cosas muy turbias rodearon el asesinato, por ejemplo, que el detector de metales no funcionara ese día, permitiendo que los dos sicarios, incluyendo a Andrés Arturo Gutiérrez de 17 años, quien le disparó, pasarán inadvertidos, pero, sobre todo, que atacara en presencia de 16 escoltas estatales… con los años fueron vinculados a la investigación por presunta complicidad con los autores intelectuales: Fidel y Carlos Castaño, de las AUC.

Denunció a lo largo y ancho del país la falta de garantías para la oposición y la necesidad de “castigar ejemplarmente a los miembros del Estado comprometidos en la violencia contra la población civil”, palabras pronunciadas en 1989.

El dolor por este magnicidio, que se sintió en cada rincón del país, fue expresado por su antigua compañera de lucha, Ana Lucía: “la llamarada de indignación que me sube de los pies a la cabeza y el temple del coraje, que heredé tal vez de mi padre, han sido el sustento para hacer este sentido homenaje a Bernardo, recordando cuanto enriqueció mi vida con la llegada de Paula Tatiana y Bernardo Junior, cuando la llenó de amigos y amigas que forman parte de mis querencias más entrañables, muchos de los cuales vi caer y otros tantos que veré también extinguirse por estos regímenes tan intolerantes y excluyentes del pensamiento ajeno”. A Bernardo lo acompañaron las lágrimas de miles de colombianos que otra vez veían cómo mataban sus esperanzas de un país mejor, así como también centenares de manizalitas que marcharon para acompañarlo el día de su entierro y que a gritos pedían que se oficiara la misa, ya que el antiguo arzobispo de Manizales, monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez, se opuso porque Bernardo era comunista.

Fotografía tomada del especial "Bernardo Jaramillo" del periódico La Patria, 1990.

La memoria de Bernardo Jaramillo, sus actos, la fuerza de sus convicciones, permanecen intactos en quienes un día lo conocieron, lo amaron o lo apoyaron en su accionar político, permanece aún en las marchas de la universidad pública de Manizales y en los carteles que un día colgó junto a su compañera de vida y de lucha. Permanecerá en la memoria siempre como la flor de la esperanza.

Como dos gotas de agua

Gonzalo Castaño Zapata
Corría el año 1952, cuando un 13 de abril que prometía primaveras, nació en el municipio de Chinchiná. Sus estudios de bachillerato los inició en el Colegio Oficial de San Francisco y, entre clase y clase, se perdía una que otra para ir con sus compañeros a escuchar “melodía”, que aún se oye en los cafés del municipio. Allí empezó a asomarse al mundo su espíritu de defensor del otro, de la identidad, de la dignidad, de la libertad.

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“El hombre de las multitudes”

Ruben Castaño
Como recuerdo quedaron esas tertulias de aguardiente y vino al son de tango con las que “El viejo”, como lo llaman sus hijos, acostumbraba a deleitar con sus camaradas. Ese recuerdo que a través de la memoria intacta de quienes lo conocieron en vida nos habla de un hombre alto y de voz imponente, que se tomaba los parques de Caldas para dar discursos antes de que las infames balas acabaran con el sonido de sus palabras, pero nunca con su eco.

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El eterno compañero

Gabriel Ángel Cartagena
Un hombre alto y corpulento, con gran liderazgo, de personalidad arrolladora, honesto, del Partido Comunista Colombiano, era además un hombre desprendido de las cosas materiales, nació en Sipirra, Caldas; hijo de Ismaelina, hermano de Ernesto y Amparo; recorrió municipios enseñando lo que sabía, indígena del resguardo de Cañamomo Lomaprieta.

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Gabriel Angel Cartagena